domingo, 4 de febrero de 2018

el reencuentro



Me pareció que no hubiera pasado poco más de un año sin vernos, no se sentía así. Éramos dos viejos amigos que se conocen todos los gestos y todos los ademanes, la forma de caminar y las distintas entonaciones para cada ocasión. Los amigos que se pueden decir cualquier cosa con una sonrisa cómplice como reflejo, los que conocen con detalles todas esas anécdotas que se le platican a alguien más, incluso somos protagonistas de muchas de ellas. Hablábamos como si sólo fuera una semana o menos el tiempo que teníamos sin vernos y hablarnos y tocarnos y escucharnos.

A pesar de la situación me sentía muy feliz, demasiado. Sé que es algo completamente egoísta pero es la verdad. No te voy a mentir a ti. No sobre eso. Ya ves, te dije muchísimas más cosas de las que había planeado decirte si es que tenía la oportunidad de verte.

Le decía a Gil que tuvimos un amor bonito, y dentro de todo una separación sin mayores complicaciones, ni gritos, ni indirectas o venganzas. Y bueno, creo que eso se reflejó en nuestro encuentro. Momentos antes de llegar creí que sería algo incómodo pero no lo fue de ninguna forma.

Le arrimaste bastante leña a mi esperanza. No sé qué tan bueno vaya a resultar eso.

Pero bueno, fue hermoso verte y estar contigo.