sábado, 27 de enero de 2018

Comiendo


Estaba muy entretenido juntando los arroces dispersos por mi plato, mientras me los comía, cuando al llegar unos nuevos clientes a la cocina económica voltee morboso para ver de quién entraba. Pudiera ser una chica de muy buen ver y eso es algo que no debe dejarse pasar, sería algo así como ser ingrato con el universo. Después de observar sin inmutarme de quienes se trataba y antes de regresar la vista a la nada de mi mesa, miré el pequeño cartel que estaba pegado en el vidrio de la entrada en el que leí TAROT.

Órale, pensé. Esta señora aparte de cocinar rico lee el tarot. A veces dios reparte muchos dones a la misma persona. Luego seguí comiendo tranquilo, mirando hacia la calle de vez en cuando para satisfacer mi morbo y agradecer al universo.

Después de haber pagado y tras una pequeña duda por vergüenza. En el momento en que iba a preguntarle a la señora por el horario de atención de las lecturas de Tarot y quizá también por su costo, voltee nuevamente a mirar el cartelito, para darme cuenta de lo equivocado que estaba. TORTAS.

La señora también vende tortas*. Supongo que la cara que puse fue como de idiota desubicado al darme cuenta de la broma que me había jugado mi dislexia. Ahora lo veía claro: tortas al revés.

–Ahora sí, ¿qué me quería preguntar joven?

–Ah... eh... sí... que de qué vende las tortas seño.

–Mmmm, básicamente son de milanesa y cuestan 20 pesos.




*En México a lo que en España o Sudamérica se le llama torta le llamamos pastel; el pastel de cumpleaños, y cantamos: queremos pastel, pastel, pastel.
Las tortas acá son un pan (bolillo o telera) relleno de casi cualquier cosa. Pero una buena torta clásica lleva mayonesa o crema en la tapa de arriba y frijoles en la parte de abajo, el relleno preferido (jamón y queso, milanesa, salchicha, pierna, etc), lechuga, jitomate, aguacate, cebolla y chile. Pero yo siempre las pido sin chile ni cebolla aunque me vean feo los señores torteros.