domingo, 3 de diciembre de 2017

Canicas en el parque



Hace algunos domingos, estando solos Gil y yo, disponíamos de poco más de una hora para que tuviera que llevarlo a casa de su madre. Nos encontrábamos sin tener qué hacer ya que nuestros lupillos estaban ausentes. Tampoco había nadie en casa de mi tía Chave. Tras pensarlo un rato, decidí que fuéramos al parque que está atrás de casa de mi tía con las canicas que había comprado con anterioridad. Recordé que las traía en el coche.

Resultó ser una gran idea. Pasamos un rato muy divertido jugando a las canicas, sólo los dos, como tantas otras veces jugué a eso con mi hermano.

En el lugar donde jugábamos hay un módulo de juegos que instaló el gobierno local hace algunos años en todos los parques de la ciudad. Tiene resbaladilla, columpios y una cuerda cuadriculada para subir a la parte superior, desde donde se tira uno por la resbaladilla. Tras varios juegos de canicas ideamos otros más usando el módulo de juegos que estaba junto a nosotros.

Nos divertimos más cuando aventábamos las canicas por la resbaladilla desde abajo, las lanzábamos a la parte superior y éstas al bajar  danzaban sobre la superficie cilíndrica del juego haciendo diversas piruetas. Debajo dibujamos varios círculos en la tierra esperando que las canicas cayeran dentro de alguno de ellos. Cada círculo tenía un valor distinto.

El cielo de la fotografía es de ese afortunado día. De esa feliz tarde. En que con sólo unas cuantas canicas pasamos un momento muy feliz, juntos.